La juventud cree en la transición ecológica, pero duda del sistema. ¿Qué está pasando?
Menos certezas, menos prioridad, menos predisposición a asumir costes.
Pero más sensibilidad, más emociones positivas, más deseo de participación y más exigencias sobre las políticas públicas.
El nuevo informe del Observatorio de Transición Justa, impulsado por Fundación Moeve y Red2Red, revela un giro relevante: la población joven en España (18-30 años) sigue preocupada por el cambio climático, pero muestra señales de desmovilización.
Para este segmento, la transición ecológica pierde prioridad frente a otras urgencias sociales, como vivienda o empleo, sin embargo, predominan sentimientos positivos (por primera vez, desde que se realiza este análisis). Es decir, no desaparece la sensibilidad climática: cambia su forma, su intensidad y su sentido político.
Las personas más jóvenes son quienes:
- Más relacionan los distintos fenómenos meteorológicos con el cambio climático.
- Creen en mayor medida que la transición ecológica tendrá impactos positivos sobre el medioambiente y la salud.
- Mencionan con mayor frecuencia emociones positivas como el interés, la esperanza y la responsabilidad al pensar en este proceso.
Esta combinación apunta no a una pérdida de interés, sino a una posible desmovilización, es decir, una menor predisposición a asumir un papel protagonista o a sentirse agentes del cambio.
¿Cómo aprovechar entonces esa conexión emocional positiva (interés, responsabilidad y esperanza) con la transición ecológica? La juventud es quien más vincula los fenómenos meteorológicos extremos con el cambio climático y ven más oportunidades que el resto de la población en empleo verde y movilidad sostenible, aunque las barreras económicas siguen siendo clave. ¿Qué nos están diciendo entonces estos datos?
El informe apunta a un fenómeno clave: no hablamos de desinterés juvenil, sino de desmovilización. Es decir, siguen sintiendo el problema, pero no se perciben como agentes de cambio dentro de un sistema que consideran incoherente o inaccesible.
Cualquier transición justa necesita anclarse en sentidos compartidos, legitimidad social y participación real, especialmente de quienes heredarán las consecuencias del modelo actual. La narrativa juvenil importa hoy más que nunca: interpretan la transición ecológica como una oportunidad.
¿Estamos teniendo en cuenta estas evidencias en nuestras estrategias de comunicación e incidencia? ¿Cómo reconstruir coherencia política y confianza? ¿Cómo diseñar políticas y narrativas adaptadas a sus realidades materiales y emocionales? ¿Qué implicaciones tiene esta posible desmovilización para la movilización social y la legitimidad de la transición?
Puedes consultar el informe completo aquí.











